Libros
Collar de perlas, Secretos para hacer de su vida una joya.
Es un libro de superación personal que en forma sencilla le ayuda a
tener una visión positiva de la vida, le motiva a encontrar en su
interior todas las potencialidades que como ser humano posee. Su
lectura le facilita una mejor relación consigo mismo y con los demás,
dando como resultado un mayor bienestar personal.
Este libro también puede adquirirlo en formato digital.
Costo: $12.00 más gastos de envío.
e-book: $7.99Collar de perlas II
Es un libro de auto ayuda, que en una forma sencilla presenta sugerencias y
ejercicios prácticos que permiten descubrir poco a poco nuestro camino en
la vida, mediante una relación de agrado, comprensión,
compromiso y armonía consigo mismo, con Dios y con los demás. Nos
motiva a obtener lo mejor de nosotros mismos y a procurarnos una vida
tranquila fundamentada en la fe, en el amor, en la esperanza, en el
deseo de ser cada
día mejores personas.
Este libro también puede adquirirlo en formato digital.
Costo: $12.00 más gastos de envío.
e-book: $7.99
A través de este libro se
pretende contribuir a mejorar el presente, cambiando la visión que se tiene de
la vida. Entendiendo que lo más importante
no son las cosas en sí, sino cómo uno las ve. Lo importante no es lo que
otros dicen o sienten, sino lo que uno
cree, siente, y piensa. Vivir de acuerdo a ello es el camino para lograr
el desarrollo personal.
Si se aplican las ideas que acá se presentan puede lograrse
una vida más sana, más agradable, más tranquila, con una mayor fe en Dios y en
uno mismo.
Rosangélica Hernández.
TU VIDA ES TUYA... TÚ ELIGES
La vida es
como un camino,
en donde tú
decides cómo seguirlo,
con qué
ánimos y con qué herramientas.
Todos los
seres humanos, en cada momento de nuestra
vida, nos enfrentamos a diversas elecciones que nadie puede hacer por
nosotros y que posteriormente regirán el camino. Cada elección que hacemos nos conduce a nuestro propio camino. En ocasiones elegimos como por
costumbre, sin pensar; otras veces reflexionamos, consultamos sobre qué hacer,
y esto influye en el ánimo, en el bienestar
o malestar personal. Por ejemplo, cuando vamos a trabajar y amanece lloviendo,
podemos elegir buscar un paraguas o renegar por la lluvia. Si la
costumbre es no aceptar las situaciones que no se pueden cambiar, quizá lo que hagamos sea renegar. Pero si la costumbre
es tratar de enfrentar las dificultades, buscaremos un paraguas.
Así, en casi todas las situaciones,
tenemos la opción de elegir, aunque a veces nos dejemos llevar por la
costumbre. Es hora de
revisar qué elecciones haces y si no
son las más adecuadas, es tiempo de cambiarlas. Es necesario reflexionar
un poco acerca de cómo te has venido desenvolviendo en la vida. Te darás cuenta
que, a lo mejor te conviene cambiar, y puedes lograrlo, siempre y cuando te lo
propongas. De acuerdo a las elecciones que
hagas así será el bienestar o malestar que puedas sentir. Si eliges amar, en
lugar de odiar, tendrás una vida más tranquila, más armoniosa, pues
cuando agregamos el ingrediente del amor, las cosas se vuelven agradables.
Cuando haces un trabajo con amor, hasta las tareas más
duras las realizas con facilidad. Pareciera que de ti emerge energía positiva,
que te hace más fácil el camino, cualquiera que sea. Si decides odiar,
pareciera que estás enojada con el mundo, a todo le verás el lado negativo,
siempre estarás pensando mal de la gente y de las cosas. Con facilidad te irritas.
Si llueve protestas por la lluvia; si hace frío, protestas por el frío, si hace
calor, protestas por el calor. En realidad no son las cosas, eres tú quien ha
elegido ver el lado negativo de todo lo que sucede. Cuando eliges aceptar lo que no puedes cambiar, sufres menos y
puedes continuar tu camino con optimismo, con alegría, a pesar de esas cosas
que no puedes cambiar. Cuando resistes es como si te detuvieras en el camino,
como si limitaras tu crecimiento, como si te pesara seguir. Si eliges perdonar
en lugar de guardar rencor, estarás tranquilizando tu espíritu. La ofensa sólo
te hará daño una vez y no siempre que la recuerdes. Así, tus elecciones te irán señalando el camino.
A veces no es fácil, pero si utilizas la inteligencia con
la cual fuiste creada, cada vez tus elecciones serán más acertadas, sufrirás
menos y siempre estarás alegre de la vida a pesar de cualquier cosa que te
suceda. Será como llevar música en el corazón. Tienes el poder para hacerlo,
porque tu vida es tuya, Dios te la dio.
Dios hizo que emprendieras el viaje. Ahora busca su guía
para que sea placentero, de beneficio para ti y para tus compañeros de viaje. Tú eres un ser humano, creado para ser
felíz. No importa cómo te encuentres, lo importante es que eres un ser humano,
un hijo de Dios. Cuando haya decisiones que tomar, busca dentro de ti y
encontrarás la respuesta. Siempre sabrás qué hacer, porque en tu interior está Dios y si le buscas, de seguro le encuentras. Él
te apoya en todo lo que emprendes, nunca te abandona. Siempre te ayuda a salir de tus dificultades, porque un buen
padre nunca abandona a sus hijos.
En la vida
constantemente debes estar eligiendo, y nadie más puede hacerlo. Eres tú quien
ha emprendido el viaje, este viaje que se llama VIDA. Nadie puede vivir
por ti, nadie puede cumplir con tus responsabilidades, nadie puede realizar tu
misión, sólo tú puedes hacerlo. Eres tú quien elige:
Amar, en lugar de odiar.
Aceptar, en lugar de
resistir.
Perdonar, o guardar rencor.
Curar, en lugar de herir.
Elogiar, en lugar de
criticar.
Crear, en lugar de destruir.
Actuar, en lugar de aplazar.
Sonreír, o enojar.
Ayudar, en lugar de ignorar
Perseverar,
o renunciar.
Continuar
o detenerte
Confiar o desconfiar.
Renegar o buscar una salida.
La bondad, en lugar de la
maldad.
La caridad, en lugar de la
indiferencia.
La fe, en lugar del
desconsuelo, la desesperación.
La verdad, en lugar de la
mentira.
La autenticidad, en lugar de
la falsedad.
Así, cada día te enfrentas a
diversas elecciones.
La vida es... y será como la quieras ver, como la quieras
vivir. Tu vida es producto de las
elecciones que realizas, y algo muy importante: es sagrada, cuídala, disfrútala, no la desperdicies. Cada minuto
que vives, no vuelve a repetirse. Es como el agua del río que una vez pasa,
nunca regresa. Procura que en cada día que pase haya algo de provecho para ti y
para los demás. La vida es como un viaje que hacemos... todos sabemos el día y
la hora en que llegamos, pero no sabemos hasta que momento estaremos aquí. Hay
algunos que su viaje fue de 80, 90 y a veces más de 100 años, otros que
vivieron 40, 50 o 60 años, y algunos que sólo vivieron un momento, días, meses
o pocos años. Así la vida de cada persona no sabemos cuanto durará. Nadie sabe
de cuanto tiempo será su viaje, lo que sí sabemos es que el día menos pensado
de una u otra forma... partiremos. Por eso es conveniente que el tiempo de
estadía, lo vivamos de buena manera y tratemos de dar lo mejor de nosotros en
cualquier cosa que emprendamos. Y sobre todo..... disfrutar el camino, disfrutar el viaje y hacer que los demás
también lo disfruten.
Procura el bienestar de quienes te rodean, aprovecha hacer
el bien a quienes tratas, recuerda que
cada momento se vive sólo una vez. No vuelve más. Procura llenar tu mente
de pensamientos agradables, positivos. Lo que pienses, lo reflejarán tus
acciones y los demás lo entenderán, en ese lenguaje sin palabras que los
humanos tenemos. Toma la vida con calma
y recuerda que eres tú quien elige. Cuando algo malo sucede, tú eliges
enojarte, reflexionar, llorar, gritar, maldecir, sonreír, o simplemente buscar la mejor salida. Las cosas son y no dejarán
de ser, pero tú eliges aceptarlas, enfrentarlas, o rechazarlas y
sufrir.
Como parte importante de la creación divina, tienes
inteligencia y muchas potencialidades que sólo esperan la oportunidad para irse
desarrollando. La vida te da esas
oportunidades, a través de los diferentes problemas que enfrentas. Aprovecha
esos espacios, y no reniegues, ni te quejes por ello, búscales salida.
Generalmente, cuando un problema se da, ya trae la solución adjunta, sólo es
cuestión de buscarla. Cada solución
encontrada es una batalla ganada, que te irá fortaleciendo. Te dará
seguridad en ti misma y, de alguna forma, te facilitará el camino. Dios, desde un inicio te dio la capacidad
para solventar las situaciones que diariamente se te presentan; sólo es
cuestión de poner a trabajar ese mecanismo que te ayuda a salir siempre
adelante.
Tu identidad es única, no hay nadie
igual que tú, si no me crees, mira a tu alrededor, NO HAY NADIE COMO TÚ y
¿Sabes por qué?, Porque Dios nos hizo EN SERIO, NO EN SERIE, como las computadoras
o como los mejores productos que el hombre haya
creado. Cada persona es única. Cada persona es especial. ¡Tú eres especial!, por
lo tanto debes comportarte como una persona especial.
A veces cuando hacemos algo gracioso, bueno o
sobresaliente, dicen “es único”, “es única”, “es especial” y lo consideramos como un cumplido. En realidad, todos somos
únicos, porque no somos producto de la creación humana, sino de la creación
divina, y eso vale mucho. Tú vales mucho. Independientemente de
cómo seas, de lo que tengas, o de las
circunstancias que te rodean. Eres valiosa porque eres hija de Dios, trata de
comportarte como tal. El principal beneficio será para ti.
En cierta
ocasión, cuando trabajaba como Docente en un Instituto Nacional, me comentaba
un padre de familia que su primer hijo había muerto cuando sólo tenía 18 años.
Según me decía, pasó mucho tiempo para que él se recuperara emocionalmente de
su muerte. Hasta que su hijo murió se dio cuenta de cuan duro había sido con el
muchacho, y no sólo eso, sino que en los dieciocho años que vivió nunca le
había dicho cuanto le amaba y lo orgulloso que se sentía de él.
A
veces se nos va la vida en criticar, en renegar y hasta sufrir por cosas que no tienen mayor importancia. Sufrimos por los defectos de los demás y queremos cambiarlos a como
de lugar, sin tomar en cuenta que al igual que nosotros son únicos y debemos
aprender a aceptarlos con sus cualidades y defectos.
Nos cuesta reconocer sus cualidades y aceptar sus defectos.
Hay casos en que hasta que fallecen las personas, reconocemos sus bondades.
Cuando viven casi nunca les decimos cuanto les amamos o admiramos, pareciera
que estamos más dispuestos a ver lo malo y no lo bueno que tienen. Otras veces
nos olvidamos que tenemos el poder de elegir y reaccionamos como por costumbre
o según lo que hacen los demás, y no debe ser así. Recuerda que eres tú quien elige qué vas a ver en los demás, ¿Sufrirás por sus
defectos o les estimularás por sus virtudes?, ¿Les aceptarás como son o
tratarás de cambiarles?, ¿Disfrutarás tu
vida o sufrirás por todo lo que suceda?, ¿Buscarás solución a los problemas
o culparas a otros, o simplemente te quejarás de ellos? Tú decides.
De acuerdo a las elecciones que hagas,
así será tu vida. Utiliza la inteligencia y el sentido común que Dios te dio y no sufras por lo que no puedes cambiar.
Acéptalo. Trata de encontrar el lado
positivo a los hechos y a las personas con quienes te relacionas. Recuerda que
no hay nada totalmente bueno, ni malo.
Cuando te suceden contrariedades, tú
eliges: enojarte, renegar, protestar, quejarte, sufrir, reflexionar, o con
serenidad cambiar lo que puedes y aceptar, con tranquilidad, lo que ya no tiene
arreglo. Cuando estás tranquila es como si todo el potencial estuviera a tu
disposición para encontrar una salida favorable a cualquier dificultad. Cuando te enojas, o te disgustas, es como
si tendieras un muro a tu
inteligencia, a tu sentido común. Dices cosas que no debes decir, a manera
de venganza ofendes o haces sentir mal a las personas. Lo que para ti fue un
enojo, un estallido repentino, para otros será un mal momento, y una
información negativa que guardarán de ti.
La
próxima vez que te suceda una situación desagradable practica lo siguiente:
Respira profundo, toma agua o un refresco si lo tienes a mano, bosteza o cuenta
hasta diez o hasta veinte según sea la contrariedad. Decide no enojarte. Domina tú. No
permitas que la ira te domine. Después trata de encontrar la salida. De
seguro la encuentras, porque eres muy inteligente. ¿Te animas?.
Se dice que el buen vivir es un arte y el arte se desarrolla practicando. Haz
la prueba, no es tan difícil como a veces parece.
En cierta ocasión, me llegó
un correo: El hoy es especial,
decía lo siguiente:
Mi amigo
abrió el cajón de la cómoda de su esposa y levantó un paquete envuelto en papel
de seda, esto dijo: “no es simple paquete, es lencería”. Tiró el papel que lo
envolvía y observó la exquisita seda y el encaje. Ella compró esto la primera
vez que fuimos a Nueva York, hace 8 ó 9 años. Nunca lo usó. Lo estaba guardando
para una “ocasión especial”. Bueno... creo que ésta es la ocasión.
Se acercó
a la cama y colocó la prenda junto a la ropa que iba a llevar a la funeraria.
Su esposa acababa de morir. Volviéndose hacia mí, dijo: “No guardes nada para una ocasión especial, cada día que vives es una
ocasión especial”.
Todavía
estoy pensando en esas palabras... y han cambiado mi vida. Ahora estoy leyendo
más y limpiando menos. Me siento en la terraza y admiro el paisaje, sin fijarme
en las malas hierbas del jardín. Paso más tiempo con mi familia y amigos, menos
tiempo en la casa. He comprendido que la vida debe ser un patrón de experiencias
para disfrutar, no para sobrevivir.
Ya no
guardo nada. Uso mis copas de cristal todos los días. Me pongo mi saco nuevo
para ir al supermercado, si así lo decido. Ya no guardo mi mejor perfume para
fiestas especiales, lo uso cada vez que me provoca hacerlo. Las frases “algún día...” y “uno de estos días...”
están desapareciendo de mi vocabulario. Si vale la pena verlo, escucharlo o
hacerlo, quiero verlo, escucharlo o hacerlo ahora.
No estoy
seguro de lo que habría hecho la esposa de mi amigo si hubiera sabido que no
estaría aquí para el mañana que todos tomamos tan a la ligera. Creo que hubiera
llamado a sus familiares y amigos cercanos. A lo mejor, habría llamado a
algunos antiguos amigos para disculparse y hacer las paces por posibles enojos del
pasado. Me gusta pensar que hubiera ido a comer comida china, su favorita.
Son esas
pequeñas cosas dejadas sin hacer las que me harían
enojar si supiera que mis horas están limitadas. Enojado porque dejé de ver a
buenos amigos con quienes me iba a poner en contacto “algún día”... Enojado
porque no escribí ciertas cartas que pensaba escribir “uno de estos días”.


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